SANTÍSIMO CRISTO YACENTE
El
Santísimo Cristo Yacente es una imagen tallada en madera de pino, fechada
aproximadamente a finales del siglo XV o principios del siglo XVI. Aunque su
autoría se desconoce debido a su antigüedad y falta de documentación, sí se
conoce que procede de la escuela castellana de imaginería, más concretamente de
la ciudad de Toledo. Es una imagen articulada en sus extremidades superiores y
tiene una altura aproximada de 1,57 metros.
Sorprende
el gran valor escultórico de la talla, sobre todo teniendo en cuenta sobre la
fecha que pudo ser esculpida. De marcadas estructuras anatómicas, la imagen del
Santísimo Cristo Yacente posee cabellera de trazado liso, así como barba y
bigote ligeramente ondulados. Tiene marcados pómulos, ojos entreabiertos y cejo
fruncido mostrando una clara expresión de sufrimiento. Destaca la ejecución
perfecta del tórax, donde la marcada estructura ósea, así como el abdomen y los
pectorales, realzan el minucioso estudio del mismo. Igualmente, la musculatura
de brazos y piernas, así como el carácter marcado de las venas que recorren los
brazos y sobre todo la bella ejecución de manos, abiertas casi en su totalidad,
y pies, ligeramente inclinados.
Esta
imagen posiblemente fue donada por la familia de los Portocarrero a la
Hermandad, ya que el matrimonio toledano, formado por D. Gonzalo Pantoja
Portocarrero y Dña. Juana de Merlo, fundaron el mayorazgo de Benacazón para su
hijo Martín Pantoja Portocarrero en 1537 y éste donó, unos años después, un
Cristo articulado para el culto. Por parecidos estilísticos, en los últimos
años se viene relacionando la autoría del Señor con las gubias de un escultor
que trabajó en Toledo en el primer tercio del siglo XVI, Cristóbal de Olarte, y
sobre el que se tiene poca documentación.
El
Santísimo Cristo Yacente permanece en su altar, en el lado del Evangelio de la
Capilla de la Hermandad, durante el año, crucificado, desde que en el año 1980,
tras haberlo solicitado la Hermandad, el Arzobispo D. José María Bueno Monreal,
dio autorización para ello. El penúltimo sábado de Cuaresma se celebra el
Ejercicio de las Cinco Llagas y el Sagrado Descendimiento con la imagen del
Señor, siendo trasladado a su paso procesional. Igualmente, tanto en los meses
de verano como durante el mes de noviembre, en que se celebra el Devoto
Besamanos, Solemne Quinario en su honor y el traslado al Cementerio en la
Festividad de Cristo Rey, el Señor permanece en el altar mayor junto a María
Santísima de la Soledad.
A
comienzos del año 2004, la imagen del Yacente fue sometida a un proceso de
restauración, llevado a cabo en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, por el
afamado restaurador, don Francisco Arquillo y su equipo.
Posee
el Señor un ajuar compuesto de varias piezas muy interesante. Tres juegos de
potencia: unas de autor desconocido, otras de plata de ley en su color y otras
de plata sobredorada con incrustaciones de piedras preciosas. Una corona de
espinas en plata de ley en su color, realizada en 2017 por La Victoria Joyas y
donada por nuestro hermano Julio Adame Ortiz. Varias coronas de espinas de
distintos materiales. Nimbo en plata de ley del siglo XVIII. Sudario realizado
con la técnica del planchado en espiga con incrustaciones de carey, de los
siglos XVIII/XIX, actualmente en desuso. Varios juegos de sábanas para su
colocación en el paso procesional, así como varios cojines, destacando el
realizado en 2016 por Antonio Márquez Oropesa, en terciopelo negro bordado en
oro. Conserva todavía la Hermandad, también, peluca de pelo natural,
actualmente en desuso.
En
cuanto a su paso procesional, es de madera de caoba tallada y dorada en los
talleres de Guzmán Bejarano entre los años 1985 y 1988. Porta cuatro cartelas en
la canastilla con el escudo de la Hermandad, la columna en que Cristo fue
azotado, la Sábana Santa con la cara de Cristo y una paloma blanca como
representación del pueblo de Benacazón. La urna es una pieza neogótica del
siglo XIX realizada en madera y dorada que se incorporó al nuevo paso del
Señor. Es una obra que forma un hexágono, con los perfiles horizontales
muy acusados así como una gran verticalidad. En la parte central superior se
dispone una hilera de formas geométricas muy airosa, que permite la entrada de
la luz sobre la imagen de Jesús y que recuerda a las vidrieras medievales, todo
rematado con una figura de la Fe.
El paso está iluminado por 30 candelabros de guardabrisas con coronitas
doradas, obra del taller de Viuda de Villarreal. El llamador, dorado, es obra
de orfebrería Mallol. El paso calza treinta costaleros.



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